n vino generoso es aquel que posee una
graduación alcohólica comprendida entre los 15 y
los 23º y que se ha obtenido mediante sistemas
de crianza peculiares y específicos que le
aportan unas características propias. Se suelen
identificar con los vinos andaluces (Jerez),
aunque en realidad se elaboran también en otras
zonas de España.
a) Selección del vino base
Para elaboración de un vino generoso se parte de
un vino pálido, ligero, muy limpio y con una
graduación alcohólica situada entre 11 y 15º. La
selección de este vino base o mosto-vino se
suele realizar durante los primeros días del mes
de enero posterior a la vendimia y en función de
sus cualidades se destinará posteriormente a la
producción de los diferentes tipos de vinos
generosos: fino, amontillado y oloroso. Una vez
que se ha decidido el destino de cada uno de los
tipos de mosto-vino, se procede a su
encabezamiento, es decir, al incremento de su
contenido alcohólico mediante la adición de
alcohol vínico.
Las botas, recipientes realizados en madera de
roble con una capacidad de 550 litros, se llenan
con cada tipo de vino base ya encabezado y se
sitúan en la bodega en función del proceso de
crianza a aplicar teniendo en cuenta su destino
final.
b) Crianza
El procedimiento de crianza varía según el tipo
de generoso:
Finos: Procedentes de vinos pálidos y ligeros,
sus botas están vacías en su sexta parte y
ocupan las zonas más frías y húmedas de la
bodega. En el interior de las botas, los vinos
evolucionan por crianza biológica, es decir, por
la acción de las levaduras que se acumulan en la
superficie del vino formando el llamado velo de
flor. Debido a este proceso también reciben la
denominación genérica de vinos de crianza en
flor. Su contenido alcohólico se sitúa entre 15
y 16º.
Olorosos: Nacen del encabezado inicial de vinos
base con más color y algo más de cuerpo que los
utilizados para la elaboración de los
amontillados. Las botas se llenan totalmente y
se sitúan en las zonas más altas o en aquellos
lugares donde el calor actúa sobre ellas. Sufren
una crianza fisico-química u oxidativa en la que
la evolución se verifica por la acción del
oxígeno sobre el vino, al que llega a través de
los poros de la bota. Su graduación alcohólica
oscila entre 18 y 19º.
Amontillados: Proceden del encabezamiento de
vinos finos cuyo color ha evolucionado. Son, por
tanto, vinos finos cuya correcta evolución se ha
visto alterada por alguna razón. Son sometidos a
un segundo encabezamiento hasta situarlos con un
contenido alcohólico de 18 a 19º.
Posteriormente, continúan su crianza como los
vinos olorosos.
El resto de los vinos generosos (manzanila, palo
cortado, pálido, raya…) proceden de las
distintas calidades de estos tres tipos, o bien
son producto de la mezcla con vinos dulces.
c) Escalas, criaderas y soleras
En el interior de sus respectivas botas, los
diferentes tipos de generosos son sometidos a un
proceso conocido como escalas, criaderas y
soleras. Su objetivo es obtener vinos homogéneos
dentro de cada uno de los grupos.
Las botas de cada tipo de generoso son agrupadas
una sobre otra, generalmente, formando hasta
tres niveles de altura. as botas más próximas al
suelo son las soleras, mientras que las
criaderas son las que se encuentran por encima.
Por último, la escala está formada por varios
grupos de criaderas y soleras en las que el vino
pasa de una a otra, siempre en el sentido del
más joven sobre el más viejo, en un proceso
denominado corrimiento de escalas. Se hace
siempre de unas criaderas a otras para que las
botas permanezcan llenas al final del proceso.
El vino destinado a la comercialización se
extrae de las soleras, aproximadamente un tercio
del contenido de cada bota. Este espacio es
cubierto por un sexto del contenido de las botas
de la criadera más próxima a la solera en un
proceso llamada rociado. A continuación se
repite este mismo procedimiento en las criaderas
superiores. Al final, la última criadera queda
vacía y en ella se incorporan los nuevos vinos
base encabezados.
Antes de la comercialización, el vino extraído
de las soleras se somete a un cabeceo para
unificar las calidades. Posteriormente, se
estabiliza mediante un proceso de clarificación
y filtrado y, finalmente, se embotella.
E
ntradas: Para el jamón, los quesos, las aceitunas, etcétera,
son un excelente complemento los vinos rosados, los tintos y
los amontillados como el Jerez y el Manzanilla.
Pastas: Los que mejor les quedan son los vinos rosados, los
blancos jóvenes, aromáticos y frutales, con crianza, como un
Macabeo, Sauvignon Blanc o un Verdejo, o también los tintos
jóvenes o de crianza en barrica.
Carnes rojas: Un vino tinto bien elaborado, robusto,
potente y con concentración, crianza o reserva de Rioja,
Ribera del Duero, Priorato, Somontano, Penedès. Para una
carne al horno o condimentada, un vino tinto con crianza en
barrica prolongada, Tempranillo, Garnacha o Cabernet.
Aves: Puedes acompañarlas con diferentes tipos de vino, uno
tinto no demasiado robusto pero con suficiente cuerpo y
aroma frutal, es decir, un Tempranillo, Semicrianza, reserva
de Cabernet Sauvignon o Merlot. También puedes elegir un
vino blanco joven, con frescura, cuerpo, aromas cítricos y
adecuada acidez, no fermentado en barrica, como un
Chardonnay.
Pescados: No es indispensable un vino blanco, también queda
muy bien uno tinto o uno rosado. Para los pescados de sabor
fuerte, uno blanco fermentado en barrica como un Sauvignon
Blanc o un Chardonnay.
Mariscos: El que mejor los complementa es un vino blanco
joven como Albariño, Verdejo o Godello.
Postres: Los pasteles, dulces y postres se acompañan muy
bien con los vinos blancos ligeros, como los Moscatos o
Málaga, que son extraordinarios para disfrutar lo dulce.
Las copas: Dale a las copas la importancia que merecen,
pues no son sólo cuestión de estética. Un mismo vino cambia
su olor y su sabor dependiendo dónde se sirva. No se
perciben de la misma manera los aromas y sabores si se toman
en un vidrio grueso. Se trata de una pequeña sutileza, pero
este detalle marca la diferencia entre un vino bueno y uno
excepcional.
L
as copas de los vinos no son un capricho ni una banalidad. Por
el contrario, son el resultado de una sacrificada búsqueda
realizada durante mucho tiempo, hasta encontrar el recipiente
más adecuado para la transferencia del vino de la botella a la
boca, su destino natural.
Estas son recomendaciones para disfrutar mejor de un vino
tinto:
Paredes delgadas, incoloras, transparentes, Lógicamente para
apreciar el color. Vinos
Paredes redondeadas, Se necesita que los aromas surjan de la
base y se concentren en la parte superior, permitiendo así una
mejor percepción de los aromas y espacio para que se combinen.
Bastante capacidad (¡OBVIO!), Las copas deben permitir una
cantidad razonable de vino, sin que al servir se sobrepase los
dos tercios de capacidad. Por eso el vino necesita copas y no
copitas. Nunca debe servirse utilizando la capacidad total de la
copa, para permitir la acción de hacer rotar el líquido logrando
así el ingreso del oxígeno en el vino, sin arriesgarse a la
fatalidad de un derrame.
Copas con pie de una altura mínima de 4 cmts. Esto da dos
ventajas; La primera es que se puede agarrar la copa sin
agarrarla por su cuerpo, que calentaría el vino y nos impediría
apreciar su color.
La segunda cosa que permite un pie adecuado es la estabilidad y
elegancia. Hay que tener cuidado con algunas copas de pie
larguísimos, pues éstas si bien parecen muy elegantes en la
mesa, son muy inestables al tener un centro de gravedad alto. Al
menor roce caerán sobre la mesa o el suelo. Digo, si vamos a
tomar vino es porque buscamos la perfección en otras cosas, no
en gráciles movimientos motores.
Si quieren cristales muy altos y de colores en la mesa, no usen
para ello las copas de vino, ¡ponga un florero!